Cuando se estudia a Hume su empirismo resulta agradable y sensato al principio y raya en lo extraño e ilógico al final.
A todos nos parece bien eso de que no debamos aceptar como válido nada que no tenga un correlato en la realidad exterior, al menos hoy día. Mi experiencia personal así me lo indica, tanto por mis preferencias personales como por la reacción de los alumnos cuando explicas este autor.
Sin embargo, cuando de ese principio básico se deriva el que no podamos aceptar la idea de sustancia. Que la conexión entre causa y efecto desaparezca. E incluso que la idea del yo tenga que quedar en entredicho. Entonces dejamos de esbozar nuestra sonrisa inicial para pasar a una expresión de descreimiento y estupefacción. ¿Cómo puede ser esto posible? Y más aun, ¿cómo puede ser esto posible cuando el principio del que partíamos parecía tan sensato?
Cuando explicas que la única conexión existente entre dos hechos que siempre hemos conocido unidos es la costumbre, pero que nada hay entre ellos de necesario y por lo tanto no podemos estar seguros de que vuelvan a darse unidos en el futuro, no se suele aceptar ni entender. Tal es la fuerza de la costumbre y del hábito adquirido.
Por ejemplo la relación entre el fuego y la quemadura que se produce al tocarlo, o el repetido ejemplo de Hume, de las dos bolas de billar.
Los videos del principio sirven bien para ilustrar que es solo debido a la costumbre por lo que creemos que las bolas de billar van a seguir una trayectoria determinada. Esa trayectoria es la que hemos percibido en decenas o cientos de ocasiones. Pero hay casos en que esto no ocurre así, la trayectoria es diferente, es decir la conexión causal es diferente.
Esto demuestra que la conexión entre un hecho y otro que creemos necesaria y fuerte en realidad se asienta en la costumbre de haber percibido esos dos hechos juntos en el espacio y en el tiempo.
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