¿Cómo se debe de educar a los niños cuando no obedecen o se "cogen una perreta", esas veces en que nos sacan de quicio y no sabemos qué hacer con ellos?. Hay mucha gente que aún sigue defendiendo que un cachete, un tortazo o un azote son el mejor método para esos momentos en que parece que nada sirve.
"A lo mejor le venía bien", "no le va a hacer ningún daño", "es que si no se va a malcriar", son expresiones muy comunes en estos casos.
El otro día sin ir más lejos me lo insinuó a mí alguien muy cercano respecto a mi hija, y la verdad es que el solo hecho de oírselo decir ya me dolió. Además de inapropiado me pareció una intromisión en mi intimidad.
Aunque creo que es comprensible que en ocasiones un niño nos saque de nuestras casillas y nos apetezca darle un azote no hay nada más equivocado. De hecho creo que quien recurre a esos métodos lo hace no tanto pensando en el niño como intentando desahogarse él o ella misma. Lo hace por descargar una presión y un estrés acumulado. En ocasiones hasta para sentirse mejor por frustraciones o problemas de su vida que no tienen solución y que le hacen sentirse mal. Suena retorcido, pero es cierto.
Hay un pasaje estupendo en Mientras agonizo de William Faulkner para comprender qué ocurre en algunas ocasiones en la mente de algunas de las personas que pegan y golpean reiteradamente como forma de "educar" a los niños o a sus hijos. Se trata del único monólogo de Addie, que, a mi juicio es uno de los fragmentos más significativos de la obra.
Por la tarde cuando terminaba la escuela y se había marchado el último niño sorbiéndose los mocos, en vez de irme a casa iba colina abajo hasta el manantial donde podía odiarles con tranquilidad. Entonces allí se estaba en silencio y el agua brotaba y se marchaba tranquilamente y el sol se colaba oblicuo tranquilamente por entre los árboles y olía tranquilamente a hojas húmedas y medio podridas y a tierra nueva; en especial a principios de primavera, que era cuando era peor.
Entonces solo recordaba que mi padre decía que el sentido de la vida era prepararse para estar muerto mucho tiempo. Y cuando tenía que verles día tras día, cada uno con sus secretos y sus egoísmos personales, y una sangre extraña en cada uno y extraña a la mía y pensaba que éste parecía ser el único modo de estar preparada para morir, odiaba a mi padre por haberme engendrado. Siempre andaba buscando ocasión de encontrarles en falta para así pegarles. Cuando la vara caía la sentía en mi carne; cuando les levantaba verdugones y ronchas en la piel era mi sangre la que corría, y a cada palo pensaba: ¡Ahora sabéis quién soy yo! Ahora soy algo en vuestras vidas secretas y egoístas, yo que he señalado vuestra sangre con la mía para siempre. (Mientras agonizo, Faulkner, W. pp 165-6, Cátedra, Madrid, 2006)
Desafortunadamente hay muchas y muchos Addies por ahí sueltos que bajo el fin encubierto de educarte y hacerte bien en el futuro se desahogan y en realidad vuelcan su mezquindad sobre ti.

4 comentarios:
Ufff...
Es duro leer pasajes como este pero es necesario desenmascarar a la gentuza que se escusa en todo eso que comentas y que utiliza la fuerza contra un niño. Los que somos padres sabemos que es dificil educar a los hijos, que son absorventes, que nos ahogan, pero educar es amar y si los quieres... eres incapaz de hacerles daño y si un día lo haces te sientes fatal.Luego la gente se queja de su soledad pero algunos se lo merecen! Me alegro de que hayas dedicado un pasaje a esto.
¡Seguiré leyendo este blog!
Thomas
Voy a hacerme con la obra ya...Yo también tuve una madre como esa!
Estoy totalmente de acuerdo contigo Thomas.
La obra de Faulkner es un tanto especial. Es muy sincera, pero dura y difícil. Son cerca de 50 monólogos en los que cada uno de los miembros de la familia aparece fotográficamente. Después hay que hacer un esfuerzo por juntarlos, releerlos, entenderlos.
Desde luego yo sí diría que es una de esas obras que dejan huella.
Gracias por vuestros comentarios
Publicar un comentario