La Carta VII, a pesar de las dudas acerca de la autoría, es un buen documento para acercarse a la biografía e intereses de Platón.
Escrita poco después de la muerte de Dión (354) Platón la dirige a los amigos y camaradas de éste (y en general a un público más amplio) con la intención de aclarar su actuación e intervención en Siracusa en sus sucesivos viajes.
Transcribo aquí un fragmento especialmente significativo para nuestra clase de Historia de la filosofía.
“Siendo yo joven me ocurrió lo mismo que a otros muchos: era de la opinión de que, en cuanto fuera dueño de mis actos, me entregaría al punto a los negocios públicos de la ciudad. Y he aquí los avatares con los que vine a tropezarme en la vida política de mi patria. Al ser vilipendiado por muchos ciudadanos el régimen entonces vigente se produjo una revolución y se constituyeron en caudillos de ella cincuenta y un varones: once de la ciudad, diez en el Pireo [...] más treinta que se constituyeron en soberanos absolutos con plenitud de poderes.
Resultaba que algunos de éstos eran parientes y conocidos míos, y por tanto me llamaron al punto a su lado, como tratándose de asuntos que me concernían. Lo que pasó por mí no tiene nada de extraño, dada mi juventud; sucede que creía que ellos apartarían a la ciudad de un tipo de vida contrario a la justicia y que la regirían guiándola en la mejor dirección; por ello andaba yo muy atento a lo que hicieran. Y vi que en poco tiempo estos hombres hacían que el anterior régimen político pareciese de oro; entre otras cosas, a mi amigo Sócrates, un hombre ya entrado en años, el cual yo no me avergonzaría en decir que fue el individuo más justo entre sus contemporáneos, quisieron enviarlo, en compañía de otros, por un ciudadano, para que lo trajera a la fuerza como reo de muerte e implicarle así en sus acciones, lo quisiera o no; ahora bien, él no les obedeció, y se arriesgó a sufrir cualquier cosa antes que cooperar con ellos en sus actos impíos. Contemplando todo esto y otros sucesos de este tenor que pudieron producirse (cosas nada insignificantes) me sentí perturbado y me aparté de los males del momento.
No mucho después se hundió el gobierno de los treinta y todo aquel sistema político. Una vez más me atraía (con menos fuerza, pero me atraía) el interés por ocuparme de los asuntos públicos y políticos. Pues bien en aquella coyuntura, por tratarse de una época revuelta, sucedían también muchas cosas que uno debía de aguantar de mala manera; y no tenía nada de extraño que, en un período de cambio, algunos se enfrentaran con la venganza un tanto exacerbada de ciertos enemigos; sin embargo, los exiliados que entonces retornaron emplearon una gran equidad. Ahora bien, por cierto azar unos mandatarios llevaron ante el tribunal a este amigo nuestro, Sócrates, lanzando sobre él la acusación más blasfema y que a Sócrates menos que a nadie convenía: como impío le acusaron unos, y como tal otros le condenaron, y así mataron al que antaño, cuando ellos pasaban dificultades en la clandestinidad, no quiso participar en el arresto injusto de un simpatizante de los que entonces eran perseguidos.
Examinando estos sucesos y a los hombres que se ocuparon de las cuestiones políticas, estudiando las leyes y las costumbres, cuanto más consideraba todo esto y avanzaba en edad tanto más difícil me parecía gestionar rectamente los asuntos públicos. [...] De modo que, aunque al principio estuve lleno de un gran ímpetu por ocuparme de los asuntos públicos, al fijarme en estos sucesos y ver que por todas partes andaba todo revuelto, acabé por marearme, y si bien no desistía de investigar cómo podría mejorarse esta situación y, más en general, toda la estructura política, lo cierto es que para obrar aguardaba siempre ocasiones propicias. Al final comprendí que, en lo que se refiere a todas las ciudades actuales, todas en conjunto tienen malos regímenes políticos, pues su sistema legislativo es prácticamente incorregible, si no es gracias a unas medidas espectaculares unidas a algún azar. Y me vi obligado a decir, en alabanza de la recta filosofía, que de ella procede la comprensión de todo lo que es justo en el ámbito político y privado; tuve, así pues, que reconocer que el género humano no pondrá fin a sus males hasta que el colectivo de los que filosofan recta y verdaderamente no alcance el poder político o la clase de los que gobiernan en las ciudades no filosofe realmente merced a una cierta disposición divina.”
Cuestiones
1. El fragmento transcrito comienza diciendo “Siendo yo joven…” y hace referencia a la Tiranía de los treinta. ¿Cuántos años tenía Platón entonces? ¿Cuánto tiempo dura esta tiranía? ¿Sabrías decir por qué sobreviene esta tiranía?
2. ¿Qué es lo que en seguida desengañó a Platón de los Treinta Tiranos?
3. Después de los Treinta se produjo un cambio de gobierno ¿qué forma de gobierno se implantó entonces? ¿Qué le critica Platón?
4. Finalmente Platón hace un balance de los “estados actuales” ¿qué concluye respecto a ellos?
5. ¿Qué solución propone Platón para el gobierno de todos los Estados?
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